Con la llegada de los años 40, España sufria todavía los efectos debastadores de la guerra, terminando con tan solo una docena de instalaciones para la práctica del golf de calidad contrastada y un número de 417 jugadores federados a los que se sumaban los aficionados sin handicap. Con estos mimbres y la llegada de los primeros torneos a nivel amateur, se llega a los años 50, donde el golf experimenta su primer gran punto de inflexión en España. Los clubes de golf continuan su camino con unas directrices más definidas, funcionando de forma más organizada y coordinada, dando el trabajo de la Federación de Clubes de Golf de España sus primeros frutos y consiguiendo consolidar sus primeros torneos, como el Open de España. La nueva estructuración tuvo como consecuencia que para el año 1958 fueran ya 1.165 las licencias existentes y un número de casi 3.000 las licencias conseguidas en el año 1967.
Los años 70 y 80, son dos décadas muy importantes para la evolución del deporte del golf en España, ya que algunos de nuestros jugadores nacionales logran alcanzar las primeras posiciones de las competiciones más importantes del mundo. Esto supone la consecución de un mayor número de aficionados y jugadores por lo que el golf alcanza una popularidad sin precedentes. Algunos de los nombres de los jugadores que influyeron en la buena marcha del golf en España durante estos años se encuentran los de
Manuel Piñero, Antonio Garrido, José Rivero, José María Cañizares y en un lugar privilegiado el de Severiano Ballesteros. El joven "Seve", natural de Cantabria, comenzó a dar sus primeros pasos en el golf en el campo de Pedreña. Con el paso del tiempo Severiano Ballesteros se convertiría en el mejor jugador europeo de la época, siendo el primer icono mediático del deporte español en tierras estadounidenses. El palmarés del cántabro "Seve" Ballesteros en los majors es difícilmente repetible: Tricampeón del Open Británico, en los años 1979, 1984 y 1988; y Campeón de dos Masters de Augusta conseguidos en los años 1980 y 1983, el torneo de golf más prestigioso a nivel individual del mundo. Tras la figura de "Seve" apareció José María Olazábal, doble ganador del Masters de Augusta; Miguel Ángel Jiménez, cuyo jugador entró en el "top ten" del histórico de ganancias del Circuito Europeo, tras sus cinco victorias de 2004; o Sergio García, al que le resta la consecución de un "major" para adornar su envidiable palmarés.
Si el hecho de que la gran presencia de nuestros jugadores en el más alto nivel del mundo del golf supusiera un gancho mediático para que se aficionasen a este deporte un mayor número de españoles, la disputa de la Ryder Cup de 1997 en campo gaditano de Valderrama fue el paso definitivo. El campo de golf de Valderrama fue el primero de Europa continental en acoger la mítica competición de golf que enfrenta a las dos orillas del Atlántico. España resultó ser una gran anfitriona, demostrando al mundo con éxito su capacidad para llevar a cabo este tipo de eventos, lo que supuso de forma inmediata un doble beneficio: consolidándose España como uno de los destinos turísticos de primer orden para los aficionados al golf e impulsando el mercado interno. Desde el año 1997, el número de federados ha ido ascendiendo de forma sostenida, con un incremento del 12% anual. Con este buen ritmo, España superaba el 28 de febrero de 2005, las 264.000 licencias, lo que supone llevar a trámite unas 135 solicitudes diarias, por parte de la Federación Española de Golf.